Pepe Mendoza en el curso de iniciación a la cultura enológica

Empezaremos por el final. Al concluir su charla-cata el martes por la noche, más que intensa, con todo el sentimiento, con toda la pasión que Pepe puso, fue «rodeado» por los asistentes para compartir dudas, comentarios, etc., producto de la complicidad creada con la audiencia.

Con personas así es muy fácil enamorarse del mundo del vino y todo lo que rodea su elaboración. Lo que dicen lo sienten en el alma.

Empezó hablando de su Finca Chaconero, del origen cuaternario de esas tierras, de su formación geológica. Recordaba que cuando empezó en el 84, había una mala agricultura. Las cosas se hacían porque siempre se habían hecho de una forma concreta. Fue pionero en muchas cosas. En continuo aprendizaje por todo el mundo. Como curiosidad diremos que él y Carlos Falcó introdujeron la uva shyraz en España. Hizo stages por los principales paises del vino, estudiando lo que se hacía en sus bodegas.

Cuando volvió tenía claro que quería hacer ‘vinos sanos’ por encima de todo. Hoy día está en la fase ‘casi hippy‘, en cuanto a naturalidad, comentó riéndose.

Habló de la ‘arquitectura de la planta‘: sus diferentes podas según el clima, poniendo como ejemplos opuestos La Mancha y Galicia. La arquitectura la haces una vez en tu vida, ya que el viñedo estará en plenitud a los 40-50 años, con lo cual no puedes plantar, arrancar, plantar contínuamente. Hay que tener visión de largo plazo, mimar todo para las siguientes generaciones (cosa, por cierto, no muy habitual hoy día).

Incidió en la ‘Biodinámica’. Habló de la fitoterapia: plantas que cuidan plantas, usando tisanas con poderes fungicidas(la canela, sin ir más lejos, ¡el mejor acaricida!). No quieren exterminar las plagas. Quieren un equilibrio, ya que donde viven muchos organismos no hay problema. Se autoregulan entre ellos.

Trabajan con ‘pronósticos metereológicos’ a 10 días vista para así poder estar preparados para contratiempos. Las necesidades de agua de la planta la tienen conrolada por microsensores. Se producen muchas veces microrriegos para evitar que la uva engorde. Mostró una foto de un racimo. Abarcaba su mano. Granos pequeños, delicados:»Con racimos así hay que ser elegantes cuanto menos», manifestó. Se mima todo el proceso. Con delicadeza, sin mecánica,sin frío, sin levaduras:»Buscamos en nuestros vinos el mediterráneo, el romero, el tomillo… Nuestro entorno».

El ‘abono’ de la planta mismo se convierte en todo un proceso cuidado hasta el extremo. No echan el estiercol de oveja directamente, sino que hacen un compost con él, dándole a la planta un alimento muy nutritivo y nada agresivo:»No alimentamos, cuidamos la tierra«.

Como detalle significativo dijo que en la D.O. Alicante, el 70% de los cultivos ya son ecológicos y el resto va camino de ello.

Se acabó probando cuatro ‘resultados’ de su esfuerzo. Puro sentimiento, puro terroir, puro amor embotellado. Fueron un Shyraz 2009, un Santa Rosa 2006, un Moscatel y un Moscatel Pasa todavía en elaboración. En definitiva una gran tarde de la mano de un enamorado del vino y de la tierra. Para recordar.

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