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De una de las muchas charlas mantenida en la escuela nos salen estas reflexiones sobre el fascinante arte del maridaje.

Maridar (preferimos llamarlo Armonizar) consiste en casar un plato y un vino (puede ser otra bebida como la cerveza) de manera que, juntos, nos den aun mas placer que por separado. Recordemos que lo que principalmente buscamos al degustar algo es el Placer.
Sobre maridajes (sobre gustos) hay mucho escrito. Se opina, se publica, a veces se sienta cátedra y en ocasiones se mitifica. Te recomendamos que uses tú sentido común.

La armonía de comidas y bebidas no es difícil, pero si compleja. El sentido común es la mejor guía. Mejor que las reglas, que pueden abrumarnos por la dificultad que supone encontrar el sutil equilibrio entro todos los conceptos que se barajan: peso y complejidad del vino, paralelismo de corpulencias, antagonismo, contrapunto, búsqueda de la armonía atreves del contraste, de la combinación, de la complementariedad… cuando te sientas perdido, ¡Acude al sentido común!

Vamos a empezar citando al Gran Custodio Zamarra (Uno de los mejores Sumilleres de España) al cual tuvimos las suerte de disfrutar últimamente, clausurando con una magnífica conferencia el último curso de sumiller de la Cámara de Comercio, hablandonos del maridaje entre plato y vino.

“El vino es al plato lo que la luz es al paisaje. En la oscuridad de la noche no se puede disfrutar del panorama, aunque sea maravilloso, al no estar iluminado. Sin embargo ese mismo paisaje, a la luz del sol, ya sea al amanecer, a medio día o hasta en un día nublado, asombra, cambia y parece diferente. Esto es lo que puede pasar con el más suculento plato, que acompañado por el vino apropiado, mejora y se potencian sus sabores”

En el Mundo del Maridaje no hay reglas estrictas, hay gustos personales y hay momentos del día, estaciones del año (influencias de la luna y los planetas como dice ese gran artesano del vino que es nuestro amigo Pepe Mendoza) e incluso el estado anímico y la compañía de la mesa influyen, circunstancias que nos inclinan a elegir un vino u otro.

No existen verdades absolutas en ese campo, no nos cansaremos de repetirlo. A infinitas combinaciones de platos, vinos y paladares corresponden infinidad de opiniones. Ni siquiera una misma persona puede hablar de su maridaje perfecto para un cierto plato: estoy seguro de que no tomaría el mismo vino en una noche fría de invierno que durante un calido día de agosto, para una cita privada o en un almuerzo de trabajo…

El atrevimiento, las ganas de experimentar son los mejores aliados a la hora de armonizar vinos y comida. Aquí, como en el arte de catar, la mejor escuela es el ensayo.
No existen máximas absolutas –  Los pescados con vinos blancos, por ser ligeros y afrutados; Las carnes con tintos, por ser pesados y tánicos- Por qué???? Como diría alguno.

Ábrete a nuevos mundos de aromas, texturas y sabores. Beber el vino que nos apetece en cierto momento, independientemente del plato que vamos a tomar, también forma parte de este arte tan personal y recuerda, el mejor maridaje del vino no es con el plato, sino contigo mismo.

A disfrutar se ha dicho.

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